Las tasas de inflación siguen siendo muy elevadas. Las proyecciones del ministerio de Hacienda y el Banco Central sobre su nivel continúan sin cumplirse. En un porcentaje importantes radica en procesos globales, que obviamente no se enfrentan subiendo el Banco Central su tasa de instancia de política monetaria. Este incremento se produce cuando la economía se encuentra en un proceso de desaceleración, lo cual muestra que tampoco su origen reside en presiones alcistas originadas en el incremento de la demanda interna. El aumento del IPC es mucho más alto en los sectores de la población de menores ingresos, con incrementos en doce meses de dos dígitos. Realidad a tenerse en consideración cuando se resuelva en los próximos días el salario mínimo.
Inflación sigue batiendo récords
El IPC de mayo en doce meses alcanzó a 8,9%, cifra que considerando promedios anuales no se registraba desde 1994. Los porcentajes son más elevados en el caso de los sectores de la población de menores ingresos. El IPC del primer y segundo quintiles llegaron a niveles de dos dígitos. El del 20% de los chilenos de menores ingresos alcanzó a un elevadísimo 11,3% y el del quintil siguiente a un 10,5%. En cambio, el del quinto quintil fue de 7,3%. La brecha entre el primero y quinto quintil se elevó a cuatro puntos porcentuales. El diferente impacto en el alza de los precios constituye un factor adicional de deterioro en la distribución de los ingresos. Las diferencias tan marcadas de inflación por segmentos de la población se debe en gran parte al incremento experimentado por los alimentos que a mayo, en cifras anualizados, aumentaron en 19,4%, alza que en el caso de las frutas y verduras llegó a un estratosférico 37,3%. La menor inflación de los combustibles, de 6,1% en doce meses, provocada por la reducción en el impuesto específico, se perdió en este desenfreno alcista, más aún cuando el precio del petróleo siguió escalando en los mercados internacionales, acercándose a los US$140 el barril.
IPC en doce meses 1994-2008
(Fuente: INE. En porcentajes)
Año % Año % Año % Año %
1994 8,9 1998 4,7 2002
1995 8,2 1999 2,3 2003
1996 6,6 2000 4,5 2004
1997 6,0 2001 2,6 2005
Desde el año pasado, la cifra de inflación se ubicó muy por encima del rango meta perseguido por el Banco Central que fluctúa entre 2% y 4% teniendo como centro 3%. El IPC igualmente es mayor a las estimaciones del ministerio de Hacienda y el Banco Central. El presupuesto de 2008 se elaboró considerando una inflación promedio para el año de 3%. El informe de política monetaria del instituto emisor de mayo estimó un crecimiento promedio anual de 6,9% y que su nivel anualizado a diciembre se ubicaría en un 4,7%. Estos objetivos, una vez más, aparecen como irreales, salvo que se adopten medidas antinflacionarias de una envergadura mucho mayor tanto a nivel mundial como en el plano interno. El IPC promedio en el año a mayo se encuentra –cuando ya ha transcurrido casi la mitad de 2008- en 8,3%, por tanto para cumplirse con la estimación del Banco Central debería caer en los restantes meses hasta diciembre a tasas entre 4% y 5%, lo cual no aparece factible.
El informe presentado el mismo mes cuyas cifras estamos analizando muestra su irrealismo. “Es importante destacar –manifestó el 12 de mayo José De Gregorio ante la Comisión de Hacienda del Senado- que, tal como lo habíamos adelantando, la inflación anual comenzó a ceder terreno a partir del seguido trimestre del año (…) Sumado a ello, con los antecedentes disponibles –añadió- estimamos que, en el escenario más probable, este descenso continuará en los trimestres venideros, para converger a su nivel meta en el horizonte de política”. Sería útil conocer cuáles fueron los “antecedentes disponibles” que tuvo ante sí el consejo del Banco Central, ya que su proyección ni siquiera se cumplió en el mes que entregaba el informe. El IPC subyacente, incluso, que es considerado en sus análisis un dato esencial alcanzará en mayo un 8,4% en doce meses. Se trata del mismo Banco Central que se declaró reiteradamente “sorprendido” por el alza de los precios. Su ex presidente, Vittorio Corbo, ha recordado recientemente que recién en mayo de 2007 hubo una preocupación en el instituto emisor sobre la evolución de la inflación.
A mayo, el IPC en Chile fue uno de los más elevados de América Latina, después de los de Venezuela y Argentina. El FMI como es usual en sus formulaciones planteó que en la región lo más importante es combatir la inflación. Su director asistente, Robert Rennhack, lo planteó explícitamente, añadiendo que la problemática del tipo de cambio debería dejar de constituir una preocupación central, tratando así de convertir las paridades con el dólar, en un mecanismo antiinflacionario.
Al aumentar recientemente las tasas de interés que le cobra a los bancos comerciales, a 6,75% nominal anual, el Banco Central debió corregir sus apreciaciones, reconociendo ahora que “la inflación de mayo superó significativamente lo anticipado”. Subir las tasas de interés en una economía que se está desacelerando, no existiendo por tanto presiones al alza por la demanda interna, ya que existen muchos factores productivos disponibles, y cuando el origen de los movimientos de los precios proviene en un alto porcentaje desde el exterior, es altamente inconveniente. El país se encuentra importando inflación y ello no se corrige subiendo los intereses del Banco Central. Peor aún, ello tiene efectos negativos en materia de crecimiento.
Las determinaciones adoptadas en los últimos meses por el Banco Central en tipo de cambio y tasas de interés resultan contradictorias. Da la impresión de estar dando “palos de ciego”. Una medida, la intervención cambiaria fue “pro crecimiento”, mientras que el alza de los intereses forma parte de su batería habitual colocando la inflación como objetivo central. “Con una política –como señaló el gerente de Estudios del Banco Central y actualmente jefe para América Latina de Barclays Capital, Rodrigo Valdés- se trata de hacer una cosa, y con otra se deshace” (14/06/08).
En la realidad chilena se expresa la reflexión efectuada por el economista jefe del Institute of International Finance, que agrupa a los principales consorcios bancarios, Phillip Suttle: “Las metas de inflación –manifestó- son un poco una estafa, para ser honesto. Cuando la inflación está baja en el mundo, todo lo que hacen los bancos centrales es sentarse ahí con sus metas de inflación y decir “estamos haciendo un gran trabajo”. Ahora que la inflación ha subido mucho, en realidad no es muy claro que sepan qué hacer. Están como cruzando los dedos, esperando a que baje” (14/06/08).
A nivel internacional las alzas se producen, ante todo, en el sector energético y en los alimentos. Países en desarrollo sufren con particular intensidad los aumentos en el precio del petróleo dada su fuerte utilización de diésel, que ha experimentado un alza mayor que la del crudo. A ello se suma el impacto del alza de alimentos en consumo básicos. El Banco Mundial en su informe anual, entregado en el curso de junio, constató el crecimiento de la inflación en el plano global y, en particular, en los países emergentes y en desarrollo. En China en mayo fue en doce meses de 7,7%, luego de subir en abril a 8,5%. En los primeros cinco meses de 2008, comparado con iguales meses del año anterior, su alza fue de 8.1%. En India también ha sobrepasado en cifras anuales el 8%. Los precios de los alimentos registraron en mayo un crecimiento anualizado de 19,9%. En Vietnam a mayo creció en doce meses un 25%. En varios países europeos alcanzó igualmente a niveles record. Se trata, en resumen, de un fenómeno generalizado. Este crecimiento de los precios tiene consecuencias múltiples. “Los inversionistas -constató The Wall Street Journal Americas- están castigando las acciones, los bonos y las divisas de los países que ya están experimentando una inflación galopante, o donde el alza de precios se suma a otras vulnerabilidades económicas” (11/06/08).
La cumbre efectuada a comienzos de junio en Roma por la Organización para los Alimentos y la Agricultura (FAO) que debió proponer vías efectivas para enfrentar esta emergencia arroja un saldo negativo. El ministro de Relaciones Exteriores de Italia, país sede de la cita, Franco Frattini calificó su resultado de “decepcionante” (07/06/08). Su conclusión fue que en los próximos años el planeta enfrentará precios más altos de los alimentos, entregando una declaración absolutamente formal comprometiéndose a “eliminar el hambre y asegurar los alimentos para hoy y mañana”, sin precisar las medidas a adoptar para materializar dichos objetivos.
Incluso, “funcionarios asistentes –como relató un reportaje de Financial Times- reconocieron que la resolución fue pobre, (…) la disputa sobre el comercio y los biocombustibles –agregó- ensombreció el consenso alcanzado para relanzar la inversión en agricultura por primera vez en 25 años” (06/06/08). Las grandes potencias económicas se opusieron a que se criticase su mantención de protecciones comerciales y subsidios. Igualmente no hubo acuerdo para pronunciarse sobre restricciones colocadas a exportaciones para privilegiar el consumo interno, lo cual conduce a presionar al alza de los precios en los mercados internacionales.
En la polémica sobre biocombustibles, la cumbre sólo concluyó en “seguir conversando”. En opinión de la FAO, los biocombustibles explicarían un 30% del alza experimentada en los precios últimamente, porcentaje que la Casa Blanca considera es muy inferior. Los países productores de biocombustibles, utilizando recursos primarios alimenticios, como EE.UU., Brasil y algunos gobiernos europeos, consiguieron que no hubiese una condena explícita a este tipo de producciones. Por ello, el secretario de Agricultura norteamericano, Ed Schafer, afirmó que el texto final de la cumbre sobre biocombustibles fue “aceptable” (06/06/08). En una situación de incremento vertiginoso de alza en alimentos fundamentales y en que crece el hambre a nivel mundial destinar recursos que podrían utilizarse en aminorar este problema a otros fines constituye una aberración. En EE.UU. se estima que en 2009 la tercera parte de su cosecha de maíz será destinada a la industria de biocombustibles, lo cual impulsó su cotización en el mercado spot de Chicago a un récord de US$6,40 el bushel y a US$6,83 en entrega el próximo año. Los biocombustibles deben producirse utilizando recursos primarios no destinados a la alimentación humana.
Mientras tanto, la cotización del barril de petróleo en el mercado norteamericano (West Texas Intermediate), utilizado como referencia en Chile, registró el 6 de junio un nivel récord de US$138,54, el más alto desde la creación de este índice en 1983, mostrando así su tendencia alcista y fuerte volatilidad. La OPEP y el ministro de Petróleo de Arabia Saudita Al-Naimi, sostuvieron de inmediato –en palabras de este último- que “el aumento en los precios no está justificado en términos de fundamento de mercado. El presidente de la OPEP, Chakib Khelil, aseguró que “el precio del barril sería de US$70 si no hubiese una burbuja causada por la especulación”(10/06/08). Para Paul Krugman “el aumento de los precios del petróleo (…) está provocado por hechos esenciales, sobre todas la creciente dificultad de encontrar petróleo y el rápido crecimiento de economías como la de China” (08/06/08). La reducción de la cotización –cualquiera sea la explicación de su alza- no se visualiza en el futuro próximo.
Por tanto, las presiones alcistas desde el exterior a la inflación en Chile seguirán siendo muy elevadas y no se aminoran aumentando internamente las tasas de interés. Morgan Stanley entregó la estimación que en los primeros días de julio la cotización del petróleo llegaría a US$150 el barril a causa de su fuerte demanda proveniente desde Asia y que las exportaciones desde el Medio Oriente se encuentran estancadas.
Las causas de la elevada cotización registrada por el barril de petróleo son muy variadas. Un factor fue la reducción de las reservas petrolíferas en EE.UU., a 306,8 millones de barriles, disminuyendo en 4,8 millones. A ello se sumó las destempladas declaraciones del ministro de Transporte de Israel, Shaul Mofaz, afirmando la “inevitabilidad” de un ataque militar contra las instalaciones nucleares de Irán, uno de los grandes exportadores de oro negro a nivel mundial. Esta alza del petróleo hace desaparecer inmediatamente los efectos amortiguadores en el aumento de los precios de acordarse inyectar US$1.000 millones al fondo de estabilización de los precios de los combustible, mostrando así claramente que es una medida de corto plazo y en la práctica, a lo menos por un tiempo prolongado, a diferencia del carácter “estabilizador” que se le asigna, es lisa y llanamente un subsidio, que de no manejarse en forma extrapresupuestaria significaría el no cumplimiento de la regla fiscal en aplicación. Chile es fuertemente dependiente de lo que acontezca internacionalmente con el precio del petróleo, dado que importa aproximadamente un 94% del total consumido. En 2007 se gastó por este concepto unos US$8.000 millones. En el presente año, por el alza experimentada, serán varios miles de millones adicionales. El diario La Tercera estimó que se elevará a US$12.000 millones. Ello además es determinante para que los términos de intercambio del país hayan pasado el presente año a ser en negativos.
Las alzas en los precios incrementan los ingresos fiscales fuertemente en términos nominales. De acuerdo a una estimación efectuada por Economía y Negocios del diario El Mercurio, sólo por venta de combustibles el IVA aportaría en el año una suma cercana a los US$3.300 millones. Ello vuelve a demostrar el golpe al bolsillo de los consumidores que significó la decisión adoptada a comienzos de la administración Bachelet de mantener este regresivo gravamen en 19% y la persistente resistencia a rebajarlo, rechazando las permanentes demandas efectuadas en ese sentido. Cada punto del IVA significa en un año US$173,7 millones, suma muy superior a la entregada a manera de ejemplo, por concepto de bono especial de $20.000 para los pensionados de menores ingresos, suma que se esfuma rápidamente con el alza de los precios. Ello muestra, al mismo tiempo, que existen alternativas para adoptar realmente medidas antiinflacionarias.
HUGO FAZIO
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